¿Seminarios?, ¿Estudios Bíblicos?, ¿Escuelas dominicales?, Cristo nunca se entregó para que después de algunos siglos lo hiciéramos una materia de estudio. ¿Te has preguntado porque la iglesia primitiva nunca tuvo la necesidad de tener todo esto? ¿Te has preguntado cómo le hicieron los primeros creyentes para vivir un Cristianismo sin Biblia? ¿Cómo fue que hombres del vulgo, pobres y analfabetas llegaron a ser maduros hijos de Dios? La respuesta es simple, nuestro Señor había dejado claro que la vida Cristiana no se trataba de un conjunto de enseñanzas o doctrinas que debían aprender o memorizar. De muchas formas y utilizando diferentes analogías Jesús repetidamente declaró que se trataba de algo mucho más glorioso. Sus discípulos entendieron que la intención de su Señor era el convertirlos en su expresión, en la manifestación poderosa de una vida incorruptible que en ellos había sido sembrada. De manera que no dependía más de su inteligencia, educación, capacidad o nivel económico, sino simplemente de la disposición de su corazón para vivir abrazado a Cristo, la fuente inagotable de esta vida nueva.
Cristo vive y lo único que anhela es una profunda relación de amor con su creación. Su vida contiene todos los elementos necesarios para que en su tiempo, al cultivarla, sus frutos aparezcan. No se trata de imitar estos frutos o enseñarle a otros a manifestarlos, estos deben ser el resultado natural de la vida de Cristo fluyendo a través de nuestros cuerpos mortales. Así como a un bebe no necesitamos enseñarle a ver, respirar o caminar, de la misma forma en los creyentes, aquellos que perseveran en cultivar la vida que en ellos ha sido sembrada, en su tiempo se convertirán en la visible expresión de esa naturaleza. Quiero resaltar que las Escrituras son importantes, si no tuvieran propósito no las hubiera preservado el Señor por tantos siglos. En ellas, podemos encontrar el caminar de la iglesia desde tiempos antiguos, podemos ver a Cristo como la única meta y material con el cual Dios ha estado edificando desde el principio de los tiempos. Al leerla somos animados, exhortados, advertidos, confrontados e instruidos, más la revelación y la vida no se encuentran en el Libro sino en Cristo mismo. Esto lo mencionó el Señor en el siguiente pasaje:
“Ustedes estudian con diligencia las Escrituras porque piensan que en ellas hallan la vida eterna. ¡Y son ellas las que dan testimonio de mí! Sin embargo, ustedes no quieren venir a mí para tener esa vida.” Juan 5:39-40
Dicho en otras palabras, nuestras vidas no serán transformadas por la lectura o estudio de las Escrituras (que por supuesto tienen su función), sino por el perseverar cada día en una relación más profunda con nuestro redentor en quien yace la vida! Podría existir quien llegue a memorizar las Escrituras de principio a fin y aún quien obedezca sus mandamientos y aun así no tener una relación con Jesús (como sucedía con los fariseos). De manera que con o sin Escrituras, con o sin institutos, con o sin educación, aquellos que han rendido su corazón al Señor, aquellos que espiritualmente se ejercitan en la íntima comunión con otros creyentes, aquellos que mantienen abiertos sus oídos y encuentran en Cristo su deleite permanente, tarde o temprano manifestarán los frutos que la Biblia describe. Los religiosos enseñan moral, los hijos de Dios imparten vida!
“Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Juan 10:10b
Bendiciones,
Rodrigo Aguilera
rodrigo@odresnuevos.org
#1 por Martha Alejandra el 18 febrero 2011 - 4:35 PM
Hola!
Creo que hay que dejar mas claro que son dos cosas intrinsicamente relacionadas: 1. La Palabra, 2. La aplicacion de esa Palabra. O mejor dicho, el vivir a Cristo. Pero una no es mas importante que la otra pues Cristo mismo lo dice en su Palabra en infinidad de pasajes (Salmo 1:1-3, Rom 10:17, He 4:12, por citar solo algunos). Creo entender tu intencion u objetivo, pero siento que se puede malinterpretar un poquito llevando a la gente a dejar de lado las Escrituras y basarse solo en una vida llena de buenas obras, “experiencias sobrenaturales”, etc., y pueden pasar a segundo plano el conocimiento de Dios, que es el que trae consigo el florecimiento de los frutos y, junto con el paso de obediencia, la santificacion del creyente.
Recuerda Rodrigo, que, desgraciadamente, nuestro pueblo no tiene como habito la lectura y menos de las Sagradas Escrituras, y siempre habra quienes elijan cualquier pretexto para no meditar en Su Palabra. Conozco infinidad de casos.
Espero tomes mi comentario positivamente. Lo hago en un espiritu de edificacion.
Bendiciones en Cristo!
#2 por rodaguilera el 18 febrero 2011 - 6:11 PM
Muchas gracias por tu comentario Martha, tienes toda la razón, en ningún momento ha sido mi intención el menospreciar las Escrituras, de hecho en el segundo párrafo menciono que no es casualidad que el Señor las haya preservado por tantos siglos. Sin embargo, debo decir que la palabra de Dios es Cristo (el Verbo). De manera que lo que Dios esta buscando es que tengamos una relación profunda no con nuestras Biblias, sino con aquel que las inspiró. Aún aquellos que no tengan la capacidad de leer por no tener estudios o por no tener vista, aún así tienen oportunidad de disfrutar de una relación con nuestro redentor, y es esta relación de vida, la que en su tiempo, producirá los frutos que la Biblia describe, entonces al leerla nos encontraremos dibujados en ella, y podremos exclamar: “la Escritura se ha cumplido en mi!”.
Martha, coincido contigo, el tema es profundo, y merece el que lo tratemos en forma. Prometo que más adelante estaremos hablando de ello. Muchas gracias por escribir. Que Dios bendiga tu vida! Un abrazo!